Guías para escribir y misceláneas literarias

  • Ariana Riccio

Los silencios en la escritura


Existe un alfabeto del silencio, pero no nos han enseñado a deletrearlo.


Las anteriores son palabras del escritor Roberto Juarroz. Aunque es uno de mis poetas preferidos, no estoy del todo de acuerdo con sus palabras.


En mi caso, estoy muy acostumbrada a leer silencios. No solo eso: muchas veces sé más de una persona por lo que calla que por lo que dice. Considero que tengo bastante experiencia en leer silencios y descifrar lo que otros piensan que mantienen oculto, pero revelan de alguna manera.


Creo que eso está muy ligado a uno de mis grandes intereses: el eje luz/oscuridad, que atraviesa una variedad de temas que, a primera vista, poco tienen que ver entre sí. Por ejemplo, la fotografía, la psicología y disciplinas ligadas a lo «místico».


En todos los casos, hay un concepto que se expresa de un modo u otro: somos lo que decimos/mostramos, pero también lo que callamos/ocultamos.


Siempre me interesó reconstruir aquello que no está abiertamente expuesto a la mirada. Y, desde que empecé a dedicarme de forma profesional a leer textos ajenos, esa inclinación se convirtió en una «deformación profesional».


Y, basada en esa experiencia, quiero decirles a quienes escriben que recuerden que sus palabras solo descubren una parte de la historia que quieren contar, que gran parte de esa historia es reconstruida por el lector a partir de las palabras no escritas y que, por lo tanto, el uso del silencio es tan estratégico como el de las palabras.


Más aún: buena parte de la magia de una historia se encuentra en darle al lector ese poder creador. Las palabras deberían funcionar, así, como una linterna para alumbrar lo oculto en la oscuridad. Y buena parte de la magia de escribir consiste —así como ocurre en la fotografía— en jugar con esos contrastes entre luces y sombras.


En la foto que ilustra este texto, yo había estado llorando todo el día y en el instante retratado había recuperado en parte la serenidad, pero no olvidaba la pena. Y la persona que capturó ese momento (y se dedica a la fotografía) contó esa historia a su manera.


Como también señaló Juarroz en su poema: la lectura del silencio es la única durable, tal vez más que el lector.

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